martes, 25 de marzo de 2014

Ingrid Adriana Espitia Beltrán

Los “minimercados”

El día sábado 22 de Marzo de 2014, mientras realizaba el mercado para mi casa pensaba en la presencia de los “minimercados” o plazas pequeñas que se encuentran en el barrio donde vivo y la importancia de las mismas en mi vida diaria. Estas plazas o “minimercados” se encuentran ubicados aproximadamente a 4 cuadras de mi apartamento y tienen diferente surtido de alimentos como frutas, legumbres, carnes, vegetales, carnes frías y quesos. Uno de estos “minimercados” se llamada “Surtifruver” y se encuentra dividido en: la sección de carnes, de frutas y verduras, y la sección de carnes frías, quesos y productos a base de leche. Allí es el lugar donde consigo la mayoría de alimentos que estoy buscando y me es más sencillo comprar en este lugar pues encuentro lo que necesito.

Mi relación con este lugar es de dependencia y practicidad a la hora de ir a comprar alimentos, pues me permite tener productos a la mano e ir al lugar con la confianza de que encontrare lo que necesito. Si bien es cierto, que yo no soy la persona que cultiva estos alimentos, ni conozco de que lugar exacto vienen, desde mi experiencia, existe una relación dependiente entre lo que compro, el lugar donde lo compro, y mis necesidades como persona.  Puig de la Bellacasa, nos hace ver, desde las acciones cotidianas como se es persona con otros u otras, con lo humano y lo no humano (2010:152). En este caso lo que soy configura lo que compro y donde lo compro, pues lo no humano, siendo esto productos orgánicos, son esenciales para mi vida diaria y me permiten llevar a cabo mis actividades cotidianas.

La dinámica de estas plazas consiste en entrar y elegir lo que se necesita y la cantidad que cada persona deseé, a diferencia de los supermercados como Carulla o el Éxito, donde muchas veces la frutas  y verduras vienen empacadas en paquetes con cantidades especificas.  El hecho de estar en contacto con lo que se va a comprar y poder elegir el numero de productos y alimentos que se van a consumir es para mí importante. Desde mi experiencia comprando en almacenes de cadena, veo que la comprar de alimentos y la elección de los mismos es más utilitarista y superficial, pues no hay un contacto directo con la mayoría de productos, al venir empacados con cantidades específicas, y muchas veces todo es homogéneo y no da pie a la elección a la hora de consumir.

Estos “minimercados”, desde mi experiencia diaria, son para mí una especie de Nowtopia, en el sentido que  se pueden pensar como una resistencia a dinámicas globales y capitalistas (Carlsson y Manning 2010:931) de las cuales hacen parte los almacenes de cadena.  Estos autores hablan del término Nowtopia,  desde la creación de redes en comunidad que permiten llevar a cabo un proceso de emancipación frente a la economía capitalista y sobrevivir por medio de la revolución, a partir de prácticas cotidianas específicas y colectivas (2010:949-950). El hecho de ir a comprar allí diariamente y ver que otras personas también lo hacen, es hacer frente a estos almacenes como Carulla que no permiten que el mercado campesino siga en pie ni que estos “minimercados” continúen abasteciendo a personas que vivimos en la capital.

En este caso, el hecho de ir y comprar, de saber que se está comprando y donde se está comprando (en “surtifruver” o Carulla) permite pensar en el cuidado desde dos ejes;  el cuidado del hacer y el cuidado situado en un contexto especifico, siendo estos dos principios del cuidado a los que Pulling de la bellacasa hace referencia cuando asegura que el cuidado necesita una práctica, una actividad concreta que teje relaciones de mutuo cuidado en las cuales el ser humano está inmerso(…) dicha actividad y relaciones del cuidado se sitúan de cierta forma según  un contexto especifico (2010:163-164).  En este caso, el ir y comprar a este “minimercado”  y elegir ciertas frutas o verduras permite construir un cuidado propio pero también colectivo,  en el sentido que estos mercados se fortalecen dentro de un contexto especifico en el cual todos y todas estamos inmersos,  siendo este (el contexto)  el mercado campesino y las redes de consumo a gran escala.

Bibliografía
Puig de la Bellacasa, M. (2010). Ethical doings in naturecultures. Ethics, Place & Environment, 13(2), 151–169.


Carlsson, C., & Manning, F. (2010). Nowtopia: Strategic Exodus? Antipode, 42(4), 924–953. doi:10.1111/j.1467-8330.2010.00782.x

lunes, 3 de marzo de 2014

Alzheimer como asunto del cuidado, precarización del mundo.

Aquellas tardes del mes de diciembre en que la casa materna, como nunca antes en el año, se llenaba de gente, de cuentos, de esperanzas de un volver a encontrarnos. Por la casa, mi abuela desperdigaba sofás, cojines y muebles para dar posada en su morada, que cada año recibía a su pasado y su futuro. Diciembre significaba la remembranza de los días gratos, el reencuentro con hijos y nietos y el anhelo de nuevos días juntos. Son los días de aquel mes de diciembre y también sus sueños los que hoy traen del recuerdo la melancolía de un pasado extinto.

El destino de una enfermedad, que tal parece la muerte, ha dejado atrás los días luminosos de aquel mes ahogados en la zozobra de soportar el olvido total de la vida. La abuela yace ya sin vida en un apartamento del occidente de la ciudad; aquel cuerpo carente de sentido no recuerda, no habla, no sueña. Todo lo que fue se esconde bajo la cara del Alzheimer. Ya la familia duele la enfermedad, soporta con nostalgia la cara afable de una muerte que evoca la vida. Tal dolor impidió que la abuela fuera acogida en una casa, impuso un espacio aparte, propio y un cuidado que solo podría ser concebido por fuera de los lazos familiares. Un cuidado que depende de un salario  y una condición económica determinada del cuidador, casi simpre unamujer proveniente del campo. Lo irónico es que las cuidadoras, que han sido removidas tantas veces, no cuidan solamente a la abuela en lo físico; también cuidan las preocupaciones, significados y hasta prejuicios de mis tíos y  mi padre,  que le imponen a esta compleja trama más tensiones. 

Puede que exista una precarización solo de pensar que la abuela, que cuidó de la familia entera, esté relegada a la soledad de su condena. Su trabajo como matriarca marcó la vida de muchos de nosotros y por ende su enfermedad es la cruz que cargamos los que la vimos. Para cuidar de sí, para no vivir con el dolor de la realidad, para ocultar y poder vivir, como la mejor tragedia griega, hay que quitarse los ojos para no ver. El relegar el cuidado es una decisión que no está cargada de la invisivilización del cuidado, sino todo lo contrario, está cargada de la reflexión de que es imposible llevar a cabo tales labores (ya sea por condiciones emocionales, de género o económicas). Esta posición implica una cadena de dependencia de mi abuela a la cuidadora y de esta a mis tíos y Padre y de ellos a las dos; cadena que no es totalmente económica sino que implica el manejo y sostenibilidad de la vida para todos. Moliner define el trabajo del cuidado como conjunto de actividades que responden a las exigencias propias de las relaciones de dependencia. Para esta autora cuidar del otro no es sólo pensar en el otro, preocuparse intelectual y afectivamente por él, sino ante todo hacer algo, producir un trabajo que contribuye a mantener o preservar la vida del otro (Arango, 2007); así un problema de la abuela mas emocional que de otra índole en la actualidad encuentra un solución en el mercado, en el consumo de una fuerza del trabajo para el cuidado. De esta forma, el problema del cuidado no se estaría solventando sino sencillamente adquiriendo dimensiones más amplias, de alguna manera, se estaría “globalizando”. (Carrasco, p23) poniendo de manifiesto la crisis del cuidado.

Bibliografía.

Carrasco, C. (2001). La sostenibilidad de la vida humana: ¿Un asunto de mujeres? Mientras Tanto, (82), 43–70.

Arango Gaviria, L. G. (2011). El trabajo de cuidado ¿servidumbre, profesión o ingenieria emocional? In L. G. Arango Gaviria & P. Molinier (Eds.), El trabajo y la ética del cuidado (La Carreta., pp. 91–109). Medellín. 
Ingrid Adriana Espitia Bétran.

El cuidado en el hogar

Pensar en el cuidado desde mi cotidianidad implicó reflexionar en qué tipo de situaciones y momentos se ha hecho evidente el cuidado desde mi vida y experiencia personal. Al reflexionar sobre esto, pensé en la importancia de la labor en el hogar y el cuidado de las personas que conforman el mismo, pues como plantea Carrasco, las estrategias de vida de las personas continúan organizándose desde el hogar de acuerdo al nivel de ingresos y participación pública en las tareas del cuidado (2003:6). En mi caso, es clara la importancia del hogar como lugar donde mi hermana y yo crecemos, y es el cuidado en el hogar, especialmente de parte de mi madre y abuela, el que estuvo y está presente  en la mayor parte de mi vida.

Cuando analizo  la labor que ha realizado mi mamá y en su momento mi abuela,  pienso en esas dimensiones objetivas y subjetivas del cuidado, pues llevar a cabo una acción como preparar la comida para mi hermana y para mi,  implica muchas más cosas que el simple hecho, pues la acción de cocinar hace parte del sostenimiento vital del ser humano. El cuidado en esta acción tiene una relación con lo que se cuida, con la vitalidad y las relaciones y afectos que se tejen. Retomando a Carrasco, vemos que no solo necesitamos de alimentarnos, vestirnos, protegernos sino también es importante el cariño, los cuidados, aprender a establecer relaciones y vivir en comunidad (2003:6). En mi caso la relación que he construido con mi mamá y construí con mi abuela, han sido de cercanía, de cuidado, de pensar en el otro u otra.

Ahora bien, cuando pienso en la afirmación de Molinier “Las actividades domésticas estaban excluidas. Las mujeres en el hogar no “trabajan”” (2012:15) veo que no está lejos de las experiencias de mi abuela y madre en el momento en que mi hermana y yo crecíamos, pues su labor (en su momento) únicamente estaba excluida al hogar y el mantenimiento del mismo, considerado esto  como un no trabajo, como actividades poco productivas pero que eran necesarias para que otras personas como mi papá o tíos pudieran tener una vida laboral activa, afuera del hogar.  Desde esta experiencia el cuidado es parte central en el hogar y las personas que conforman el mismo, pues tanto para mi hermana, como para mí y  mi papá, el cuidado era y es parte esencial para tener una vida “productiva”  y equilibrada emocional y físicamente.

El cuidado, como actividad que incluye lo que hacemos para mantener, continuar o repara nuestro mundo, de manera que podamos vivir lo mejor posible (…) (Molinier, retomando a Tronto y Fescher. 2012:25) se convierte en parte de nuestra cotidianidad y crecimiento como individuos que tejemos redes de cuidado con el fin de sobrevivir. Mi experiencia con mi madre y abuela da cuenta de las actividades de cuidado que muchas veces son precarizadas, en el sentido que no son reconocidas en términos económicos y/o simbólicos, pues dedicarse a labores del hogar y del cuidado, implican ciertos esfuerzos a la hora de realizar actividades como cocinar, cuidar, vestir, lavar etc. que deberían ser reconocidos por quienes son cuidados.

Desde Precarias a la Deriva (2005),  mi experiencia personal tiene 3 elementos importantes que ellas mencionan a la hora de hablar del cuidado: la interdependencia, la transversabilidad y cotidianidad. La interdependencia, como cooperación es evidente en la red de apoyo que significaron en su momento mi madre y mi abuela durante diferentes etapas de crecimiento; la transversalidad, siendo el cuidado parte de la vida y no solo de algunos espacios, es clara al tener a estas dos personas en casi todos los ámbitos de mi experiencia como : el colegio, el hogar, los juegos, el estudio, etc.; y la cotidiana, como situaciones del día a día, se ejemplifica en el acompañamiento constante que recibo y recibí de ellas durante mi vida.

El día de hoy veo que el cuidado ha configurado parte de la vida y que esas redes de apoyo y de cuidado han hecho parte no solo de mi experiencia de vida sino de  personas que conforman el hogar como mi papa, siendo el cuidado parte fundamental para la vitalidad y sostenimiento de un hogar y quienes lo conforman. Analizar el cuidado en el hogar es interesante en el sentido que, desde mi experiencia, permite ponerlo en el centro, como parte de la vida y mi experiencia de años atrás.

Bibliografía:

MOLINIER, P. (2012). El trabajo de cuidado y la subalternidad.: Escuela de Estudios de Género. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.

CARRASCO, C. (2001). La sostenibilidad de la vida humana: ¿Un asunto de mujeres? Mientras Tanto, (82), 43–70.

PRECARIAS A LA DERIVA (2005). Una huelga de mucho cuidado (Cuatro hipótesis).





lunes, 24 de febrero de 2014

HOSPEDAJE Y ALOJAMIENTO DE EXTRANJEROS COMO ASUNTO DE CUIDADO.

Por: Francisco Javier Bernal

Titube un poco al plantear este tema como asunto de cuidado, porque de acuerdo con la crítica expuesta por Luz Gabriela Arango (2011) al respecto de los trabajos de Sarah Tracy (2000) sobre  los servicios turísticos en cruceros prestados por los y las trabajadoras,  “las emociones de los empleados no son únicamente una respuesta a las situaciones de trabajo sino que son el trabajo mismo (…) “nuestra personalidad es nuestro trabajo” (Tracy, 2000:94) lo que significa que en tema de hostelería, hospedaje y turismo mostrarse amable y emocionalmente dispuesto a complacer al cliente implica crear en este una sensación de bienestar, que puede estar motivada más por generar un ambiente o “experiencia de servicio” de calidad, que un acto desinteresado  de relacionarse con el otro, lo que en últimas supone la prestación de un servicio obligado y dirigido a la maximización de la utilidad económica.

Sin embargo, nosotros como familia que se está iniciando en esto de acoger y arrendarle habitaciones a personas que vienen de otros países o de acá, esta experiencia nos ha hecho repensar  la visión economicista de las relaciones de cuidado, en las en estas relaciones aparentemente y netamente económicas (o mercantiles) como “el pago del hospedaje” no se desarrollarían  relaciones de cuidado entre el  “prestador del servicio” y el “consumidor”, entre el arrendador y arrendatario.

Mencionare únicamente que la persona que ahora está en mi casa es una chilena de 19 años que vino a Colombia (Es su segunda vez) haciendo el papeleo respectivo para ingresar a una carrera de elevado precio en su país. Cuando decidimos acogerla en mi casa, y respectivamente dejarle mi cuarto, confieso haber pensado más que en  la creación de un lazo de amistad motivado por un sentimiento altruista, un interés de poder arrendar mi cuarto y ganar dinero sin mucho esfuerzo (ya que al fin y al cabo hay varios cuartos más disponibles). No obstante, antes de su llegada, en mi casa se respiraba un ambiente de ansiedad: ¿le gustara la casa? ¿Nos encontrará agradables? ¿Se sentirá bien? ¿Cómo hacemos para que se sienta lo mejor posible con nosotros? ¿Cómo conviviremos?, lo que se tradujo en la extraña sensación de que ese servicio que íbamos a prestar, no implicaba un trabajo tanto de suplir la necesidad de “bienes y servicios” básicos (como habitación, comida y ropaje), sino que implicaba suplir necesidades de “afectos y relaciones” (Carrasco, 2003:6). Como ocio, cariño, compañía  y guía. 

Cuando ella  llego, esa sensación casi generalizada de hacerle un ambiente favorable o amigable, se tradujo en acciones concretas, ya que el “cuidar del otro no es solo pensar en el otro (…) sino ante todo (…) producir un trabajo que contribuye directamente a mantener o preservar la vida del otro (Moliniere, Citada por Arango:2005: 93), que no solamente se resumía  en acomodar su ambiente (adecuar su espacio,  abrir un espacio para sus cosas, cocinarle y facilitarle el aseo en múltiples oportunidades) sino en la necesidad de que las personas que la recibían en la casa “la hicieran sentir como en su propia casa” (como invitarla a conocer la ciudad, que participara en las dinámicas y salidas familiares, cocinar con ella, reír, acompañar o hablar) en fin, actividades no estipuladas en el contrato. Actividades que en la medida de lo posible y dependiendo a los cortos tiempos que tenemos disponibles para realizarlas, se trataban de hacer cotidianamente, ya que es en su continuidad que estas pueden asegurar el sostenimiento, de la calidad de vida de nuestra hospedada, de nosotros y en general de la convivencia de todos al interior de la casa .

Parece que lo  importante y de acuerdo con el colectivo precarias a la Deriva (2005) es que partamos de entender que en términos de relaciones sociales, nos necesitamos unos a otros para cuidarnos y así cuidar nuestro ambiente, aludiendo así al reconocimiento de "la interdependencia" (Precarias a la Deriva , 2005: 7) como uno de los fundamentos del mantenimiento de las relaciones sociales, que implica pensar la interdependencia como un trabajo de todos, en el que todos deben contribuir. Esto se reflejaba en mi casa en el intento de cultivar una  relación de comunicaciónafecto y delimitación de derechos y deberes dentro de la casa,  de nosotros con la  Chilena, imperativos básicos para generar un ambiente de solidaridad social, apoyo, convivencia, integración, relaciones agradables y respetuosas al interior de la casa asegurando el bienestar de todos sus integrantes.  Porque afín al cabo, todos convivimos en la misma casa.

En el caso de mi familia, en muchas ocasiones, implico salirse del contrato, de lo estipulado en su pago inicial para contribuir a preocuparse por ella, como una actividad que implica reconocer “nuestras vulnerabilidades o  nuestras dependencias” (Moliniere,2012: 31) brindándole apoyo y soporte, e intentando suplir la necesidad de "relaciones y afectos" , que se materializaban en las actividades anteriormente mencionadas; así como de "bienes y servicios", trasladándola, brindando comida y aseo según ella lo permitiese y nosotros pudiésemos, o incluso preocuparse por sus formas de vida o decisiones (tratando de aconsejarle cuales podrían ser las mejores elecciones y decisiones en un país que no conoce). Acciones, que en todo caso constituyen tareas no remuneradas más allá del pago inicial y realizadas por personas que no tuvieron una calificación en servicios de hostelería y hospedaje.

Volviendo al inicio de este pequeño escrito, y de acuerdo de nuevo con el colectivo Precarias (2005)  pienso que “El cuidado está en esferas mercantiles y en aquellas que se mantienen al margen del mercado(…)” (ibid:7),por lo que puede concluir que incluso en las relaciones mediadas por las transacciones económicas, como en el contrato de hospedaje en la casa de una familia ajena, se pueden generar relaciones de cuidado y afecto, motivadas por la necesidad de cuidar del otro como fundamento de una convivencia pacífica  y respetuosa,  que al parecer surgen, incluso en ambientes donde se privilegia las ganancias económicas por encima del bienestar de las personas.


BIBLIOGRAFÍA:

  • ·         Arango Gaviria, L. G. (2011). El trabajo de cuidado ¿servidumbre, profesión o ingeniería emocional? In L. G. Arango Gaviria & Molinier (Eds.), EL trabajo y la ética del cuidado (La carreta., pp. 91-109) Medellín.
  • ·         Carrasco, C. (2011). La sostenibilidad de la vida humana: ¿Un asunto de mujeres? Mientras tanto, (82), 43-70.
  • ·         Molinier, P. (2012). El trabajo de cuidado y subalternidad. Bogotá, Colombia: Escuela de Estudios de Género, Universidad Nacional de Colombia.
  • Precarias a la Deriva. (2005). Una huelga de mucho cuidado (cuatro hipótesis).


Alexandra Merienne





http://www.youtube.com/watch?v=3_DvmimW5Dg


http://www.citytv.com.co/videos/2247/


Ingrid Adriana Espitia Beltrán

Mujeres aseadoras de buses de trasmilenio.

El cuidado, desde Molinier (2012:25) retomando la definición de Toronto y Fischer, es una actividad en concreto que  hace parte de la especie humana e incluye todo lo que se realiza para mantener nuestra vida, nuestro entorno, el mundo y todo lo que en él se encuentra lo mejor posible. Estas actividades no solo en marcan un aspecto de nuestra vida sino que existen diferentes trabajos del cuidado como la limpieza,  alimentación,  prestación de servicios y demás que diariamente vemos que hacen parte de nuestro cuidado como seres dependientes y relacionales.

El ejemplo presentado anteriormente en los videos, permite evidenciar estas actividades del cuidado en diferentes ámbitos: en el núcleo familiar y el cuidado de los hijos e hijas, y el cuidado de los buses de trasmilenio para el servicio de los usuarios. Esta última actividad, el servicio de aseo, es un empleo que es catalogado como parte de lo femenino, en la medida que la mujer lo puede llevar a cabo de mejor manera y, la delicadeza, obediencia, el servicio y aceptación de posiciones subordinadas son características atribuidas a la mujer (Romero. 2011:260) razón por la cual comúnmente las mujeres se dedican a labores del aseo. El cuidado, desde la actividad del aseo de buses de trasmilenio,  permite pensarse entonces  en la posición de la mujer como aseadora con ciertas características específicas y adecuadas para el cargo que involucran un compromiso y rol conforme este cargo.

Es interesante ver el énfasis que las noticias le hacen al papel de la mujer como madre y cabeza de hogar, pues allí se pone en tensión el rol de la mujer como madre cabeza de hogar y empleada. Como asegura Carranso (2001:15)  existen diferentes tiempos dedicados a ciertas actividades: el tiempo de ocio, tiempo de necesidades personales, de trabajo y de trabajo familiar domestico. En este ejemplo vemos que el tiempo que estas mujeres dedican a sus hijos e hijas es indispensable, razón por la cual el trabajo de aseo de buses se ajusta a dicha necesidad. En este sentido estas mujeres se encuentran entre el tiempo domestico y tiempo de trabajo, siendo el cuidado de sus hijos e hijas parte importante dentro de sus actividades diarias y su responsabilidad de madre.

 Así mismo, me parece importante tener presente la hora de trabajo de estas mujeres y como este tipo de trabajo pasa por el cuerpo y los uniformes utilizados por ellas. El horario laboral de 9:00 P.M a 6:00 A.M permite realizar muchas actividades en el día, sin embargo puede considerarse un aspecto de precariedad en el sentido que las condiciones como la lluvia y el trasnocho influye en su bienestar y salud. En cuanto al uso de uniformes, vemos que su función es proteger al personal pero también permite identificar y uniformar al grupo de hombres y mujeres respecto a otros personales como conductores y conductoras o personal administrativo, por tanto la vestimenta  se convierte en una forma de diferenciar y categorizar las personas respecto a su cargo laboral.

Esta noticia me parece un ejemplo adecuado para pensar el cuidado desde una actividad como el aseo dentro de un entorno poco habitual para las mujeres, dado que el lavado de carros en Bogotá, comúnmente, es atribuida a los hombres. Este contexto permite pensar en la presencia de la mujer en espacios considerados habitualmente masculinos y el énfasis que la noticia muestra en su labor de limpieza de buses, pero también madre y estudiante, nunca olvidando que su tarea más importante es ser madre y cuidar de quien lo necesita.

Referencias:
Molinier, P. (2012). El trabajo de cuidado y la subalternidad.: Escuela de Estudios de Género. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.

Castro Romero, V. N. (2011). El trabajo de cuidado y las mujeres aseadoras de la Universidad Nacional de Colombia. In L. G. Arango Gaviria & P. Molinier (Eds.) El trabajo y la ética del cuidado (La Carreta., pp. 257–273). Medellín.


Carrasco, C. (2001). La sostenibilidad de la vida humana: ¿Un asunto de mujeres? Mientras Tanto, (82), 43–70.

domingo, 23 de febrero de 2014



Bogotá, 23 febrero de 2014

Asuntos del cuidado

Sergio Quintana Rey

Estudiante

Que angustia la que produce la simplificación de las cosas. Preocupación la mía cuando descubrí el ritmo que, en Colombia, empezaron a tomar varios almacenes de cadena con una supuesta experiencia “express”. Rápido, sencillo, todo a la mano, el sueño del Fama hecho realidad.  Hey! pero la gota que reboso la copa, fue un cotilleo de la llegada de Starbucks a Colombia. Tan sólo fines macabros acompañan esta llegada, que sin lugar a duda ponen en entredicho la prioridad de la vida o por lo menos su belleza. 

¿Cómo hemos de cambiar el arte por la venta y banalización del mismo? ¿Cuáles son las necesidades de cambio que quieren imponer en el tiempo del café en Colombia? La suntuosidad, opulencia, elegancia que acompaña tanto la producción y las unidades de consumo del café en el país son tal vez el polo opuesto al modelo norteño de consumo del mismo. Por su parte los establecimientos en Colombia conocen muy bien la expresión e implicación de “estar entre tintos” entre ellos se discute, se estudia, se chismea, ¿qué no pasa en el tiempo del café? Por el contrario, la cafeína juega un papel funcional, desde algunas perspectivas función decadente, en las sociedades de operarios que se dicen primer mundo; el café se convierte en una forma de prolongar el tiempo comercial o laboral. El llamado take away produce cada vez más la pobre imagen de cientos de personas sin ganas o posibilidad de contemplar la vida. Borges en sus conferencias habla de la realidad más inmediata, el ciego que no conoce el color negro, porque si hay un color que se le esconde es el noir, tal perspectiva deja como característica la posibilidad del ver del ciego. Irse por lo dicho, dejarse soñar por otros, es vivir la vida que otros quieren para nosotros, es la fatal muerte de una vida desperdiciada, poco reflexiva, tan poco vivida.

No siempre pensar en la inclusión, en la democratización nos conduce a caminos “positivos”, tal vez nos adentran más a la masificación, a la muchedumbre, a la perdida de toda riqueza que se simplifica, tan banal tan simple.  No sé si la llegada de esta multinacional pretende cambiar el tiempo y las formas de tomar café. Pero tan solo su simple presencia pone de manifiesto que cada vez más la gente sucumbe a su muerte, a dormirse en el sueño que se les presenta como único, pierden la capacidad de soñar otros mundos, de enquijotarse (importante condición para vivir) y reflexionar. Aceptar que el interés debe situarse en el cuidado de las personas, significa desplazar el centro de atención desde lo público mercantil hacia la vida humana (Carrasco, pág. 23) reflexionar sobre cómo vivir mejor parece más fundamental que pensar en el crecimiento de la economía mundial, que sin lugar a dudas solo crece en el norte, donde solo existe abuso a los recursos humanos.