miércoles, 11 de septiembre de 2013

"curar las heridas de la tierra en el proceso de curar las nuestras"

Doy titulo a esta entrada con las palabras que pronuncio la activista Wangari Maathai al recibir el premio nobel de la paz tras reforestar con un cinturon verde de arboles nativos, "de volviendo" lo opulencia y majestuosidad de su tierra usurpada y degradada por los colonos ingleses, que simplemente decidieron devastar esta tierra en Kenia para plantar eucaliptos, monocultivos de té y cafe, con el exclusivo fin del lucro al estilo capitalista (Puleo, 2011).



Imagen alusiva a Wangari Maathai


Con este inicio me gustaría hacer resonancia a las condiciones bajo las que se busca desarrollar nuestro país, empezando por la explotación de tierras y de recursos minerales o la implantación de monocultivos como la palma africana o la teca, que arrasan con la diversidad de flora y fauna, desplazan a familias y fomentan la contaminación del medio ambiente al ser generadores de grandes cantidades de carbono, como es el caso especifico de la teca, árbol del que se produce una hermosa madera con la generación de inmensos dividendos dentro de un plazo de 20 años. Sin embargo qué parte de este desarrollo busca ser incluyente y combativo con la desigualdad socioeconómica que caracteriza nuestro país? qué parte de quitar a miles de campesinos y ceder a la inversión extranjera tierras antes fértiles para la siembra de productos básicos para la buena alimentación pueden dar forma a un modelo de desarrollo social? Dentro de esta idea quiero manifestar el concepto de deuda ecológica presentado por Puleo, ya que el desarrollo que anhelan nuestros gobiernos es una que legitima la relación desigual del norte y el sur global, siendo nuestra territorio un lugar explotable para satisfacer las demandas productivas de los países mas desarrollados. 



Sin embargo con proyectos como "la terraza" se hace manifiesta una lucha y una reivindicación por los valores y el cuidado desde la reproducción de la vida, porque parte de sus motivación y de las preguntas que dieron inicio a este proyecto son aquellas que atañen a algo tan básico pero olvidado como es la buena alimentación, Karen "productora" de "La canasta" nos recuerda como el tiempo voraz y acelerado del sistema capitalista nos enseña a olvidar este tiempo para remplazarlo con las actividades "productivas" que simplemente nos alimentan de angustia, stress y preocupación por un diario vivir de dudas y consumo. Estas ideas de ciudadanía ecológica (Puleo, 2011) que hacen un llamado a repensar nuestros hábitos de consumo y de dar realidad a unas ideas posesionadas desde el capitalismo estructurante como utópicas, nos muestran que es posible, que hay lógicas fuera de la alienación tan natural que nos caracteriza, que estos espacios de cuidado privados y relegados a la mujer como lugar domestico del ama de casa, pueden ir más allá, pueden ser una realidad contagiosa que se reproduce de terraza en terraza, de casa en casa, de mamá a mamá o de papás! porque algo sumamente valioso de este espacio es que es incluyente, es pensado para que cualquier familia, sin importar su clase o condición económica pueda replicar estas ideas para apoyar una economía humanizante, que ayude a solventar ciertas necesidades pero a la vez, ideas que dan lugar al cuidado de nuestro cuerpo, nuestros genes o de la reproducción de la vida al cuidar lo que nos alimenta el cuerpo y la mente.

Hay ciertas anhelos que me produjo nuestra visita a la terraza. Primero que todo me gustaría retomar la   enseñanza que nos compartió  Valeria  respecto al modo de plantación "estratégica" para la protección natural de las plantas como sería el sembrar maíz y habas juntos para protegerse de plagas. Esta idea me parece muy interesante porque es un claro  ejemplo de cómo esa relación humano-no humano, puede ser puesta en un plano social de cuidado en tanto podemos replegar esa enseñanza que nos brinda "lo no-humano", que para ellos ("no-humanos") resulta algo absolutamente natural pero que para nosotros es tan facilmente olvidado y desvalorado como sería cuidarnos unos a otros compartiendo, dejando de la lado tantos estereotipos, los individualismos o retomar el saludo, para poder sobrevivir en un mundo bastante siniestro. 


Finalmente quiero expresar una idea facilmente debatible por lo endeble que resulta para mi misma, pero que se me presentó evidente, se trata simplemente de una reflexión personal. 
Para esto retomo la idea de las precarias a la deriva y Molinier respecto a la construcción de espacios de valoración que entretejen redes de apoyo y reivindicación, en tanto la terraza, al ser un espacio fuera del lugar académico donde abunda la jerarquización respecto al conocimiento y los egos, en tanto las aulas se convierten en un espacio de batalla simbólica por demostrar "quien sabe más", se desarrollan ciertas relaciones desiguales que se pueden sentir en la seguridad de quienes participan o no participan alzando su voz en las clases; así la terraza se me presenta como un lugar de valoración y de cuidado porque todos partimos de un lugar de desconocimiento legitimo donde no hay temor a decir no entiendio o simplemente no se (como casi todos expresamos al final de la tarde al decir que no sabemos como cultivar, como se siembra, que se puede, que no, ni siquiera qué es esa planta o qué se hace con ella). La terraza es un lugar al que nos acercamos con ingenuidad y sin egos, simplemente listos para escuchar por igual. Es una idea que me parece reparadora porque  se convierte en un lugar para compartir y aprender sin la tensión y el ritmo acelerado del conocimiento académico riguroso, para aprender de las voces sin tecnicismos confusos o de las voces de empleadas de servicio o celadores que recuerdan de manera más cercana su experiencia con el campo. 

Por eso, cierro igualmente con esta frase: "Curar las heridas de la tierra en el proceso de curar las nuestras", porque la terraza se nos presento como un espacio reparador en tanto nos acerco a una parte desconocida de nosotros mismo o por lo menos nos permitió soñar con un modelo de vida  diferente y sobre todo,  posible.





Reflexión sobre la visita a la Terraza Verde de la PUJ

Dentro de los estudios sociales, Carrasco (2001) propone como categoría de análisis  a la reproducción humana, pues indagar por las formas como la “sociedad resuelve sus problemas de sostenimiento de la vida humana ofrece sin duda una nueva perspectiva sobre la organización social y permite hacer visible toda aquella parte del proceso que tiende a estar implícito y que habitualmente no se nombra”  ya que dentro del sistema capitalista este se invisibiliza.

Este trabajo de reproducción de la vida humana ha sido asumido y ejercido desde el hogar, principalmente nacido de las manos femeninas. Sin embargo, el lunes 9 de septiembre de 2013 fuimos testigos de una iniciativa propuesta por jóvenes estudiantes de la PUJ, en la que ellos asumen esa responsabilidad de continuar con la reproducción de la vida humana generando espacios para suplir poco a poco una de las necesidades más inmediatas  para la reproducción que tienen los seres vivos, la alimentación. Mas no debemos olvidar que tanto en la reproducción de la vida humana como en la actividad de los jóvenes a cargo de la Terraza Verde (grupo en cuestión) están en juego otros elementos dentro de las dimensiones subjetiva y objetiva, como señala Carrasco.   

Este grupo de estudiantes, que poco a poco ha ido creciendo en número y en logros, según lo que nos contaron Valeria Cero  y Miguel Ariza, comenzó  a partir de la iniciativa de unos cuantos estudiantes que deseaban aprovechar las instalaciones de la universidad y aprender de la agricultura urbana. 

A la vez que han ido  consolidando sus intenciones sobre los usos de la terraza, han fortalecido sus propósitos como grupo de trabajo. Esta consolidación se ha dado trabajando por medio de consensos que han establecido entre ellos mismos y con los directivos de la universidad, puesto que por estar en este espacio deben cumplir con unos estándares. Sumemos en este proceso una serie de relaciones y lazos que han creado con diferentes personas de la universidad como las aseadoras, profesores y jardineros, con quienes intercambian conocimientos y algunas veces alimentos. Estudiantes de otras facultades  de la universidad, como  la de estudios rurales se han sumado en este proyecto y también han brindado y aceptado conocimientos. Por otro lado están también las relaciones que establecen con personas de otras partes de Bogotá y áreas rurales de Colombia, con las que intercambian saberes, semillas y experiencias que han beneficiado el desarrollo de las actividades de la Terraza.
Algunas de sus motivaciones mas grandes como grupo era desarrollarse como modelo para ser implementado en las casas familiares de la ciudad, sin importar el estrato en el que se viva, con el fin de mitigar los gastos de cada hogar que se realizan en comida. Además de cuestionar esas distancias que se han establecido históricamente en Colombia entre lo rural y urbano. Son pocas personas las que saben todo lo que debe ocurrir para que una cebolla este en la nevera de la casa.

Entonces, de esta manera vemos que todo el conocimiento que ellos recogen de todas estas fuentes humanas, sumando los que han sido compartidos por internet,  no se queda ahí en la terraza. Su efectividad esta en ese compartir más que en la producción de 40 lechugas semanales.

Por tal razón dentro de este proceso, los compañeros de la clase y yo, fuimos invitados el lunes en la tarde a participar de jornada de trabajo en la Terraza. Primero que todo los Valeria y Miguel comenzaron contextualizándonos sobre que es la Terraza, de donde nace y hacia donde va. Luego nos presentaron el espacio, su distribución y las plantas que allí tenían, mientras nos contaban un poco de cómo han conseguido lo que allí había.

Luego el trabajo comenzó. Preparamos en una gran matera la tierra mezclándola con cascarilla de arroz, después  adecuamos y decoramos los recipientes  y finalizamos sembrado cada uno unas semillas para llevar a nuestros hogares.  Pero la jornada de trabajo aquí no termino. Procedimos mezclando mas tierra con agua y semillas, formando con esto una especie de buñuelos fértiles  de tierra, conocidos como “bombas de semillas”. Estas bombas de semillas son una forma de hacer a los portadores una especie de polinizadores, al igual que las abejas, pues cuando estén secas, nuestro deber será repartirás por terrenos, como parques o lotes baldíos de la ciudad con el fin de que estallen y germinen las semillas contenidas en la bomba. Específicamente esta actividad polinizadora, y en general toda la labor de los miembros de la terraza,  la podríamos enmarcar como un ejercicio de la ciudadanía ambiental propuesta por  Andrew Dobson (rescatado por Puleo, 2011).
La ciudadanía ambiental es un concepto que agrupa la participación activa y la responsabilidad de los ciudadanos frente a los procesos que los rodean, asumiendo una “desterritorialidad ecológica”, es decir, que se asumen las actividades de los individuos como extensibles en el tiempo y en el espacio. La bomba de semillas crecerá en un lugar que no es mi casa y tal vez en un tiempo en el que yo no esté allí. Esta ramificación de beneficios ambientales es una forma de cuidado. Cuidado entre humanos y no humanos, pues todos debemos dar algo para que el uno como el otro continuemos el proceso de reproducción de la vida.

En sí, todas las reses e interrelaciones de cuidado que se establecen alrededor de la Terraza Verde en la azotea del edificio Manuel Briseño de la Universidad Pontifica Javeriana, desde mi punto de vista, hacen parte de Newtopia, pues contiene los puntos que Carlsson (2010) ha caracterizado como elementos de la newtopia: primero que todo es una alternativa de cotidianidad que requiere mucho trabajo, pues desde apropiarse del espacio, conseguir las semillas, materas, tierra, lograr que germine, regar y que  de un fruto una planta, hay más que horas y esfuerzos invertidos. En segundo lugar requiere de tecnologías y saberes aplicados creativamente para la función diaria de la terraza. El sistema de riego por evaporación implementado los fines de semana y vacaciones es una tecnología que facilita la labor. En tercera instancia, están preocupados por las problemáticas ambientales y alimenticias que acongojan a la ciudad, al país y al mundo y trabajan con miras a su mitigación. Todos estos elementos están en función de construir comunidad. Los compañeros que trabajan en la terraza se forman como comunidad laborando entorno a fines han establecido y que continúan construyendo, involucrando  a más personas  y tejiendo redes de colaboración y cuidado. La comunidad no son solo los 12 miembros de la terraza, somos todos los que nos hemos involucrado de alguna forma con esta causa que es una alternativa para la reproducción de la vida en un sistema que poco la facilita, no obstante propuestas como esta y la Canasta (http://la-canasta.org) logran salir y brindad alternativas de vida para la vida misma.



Bibliografia: 
Carlsson, C., & Manning, F. (2010). Nowtopia: Strategic Exodus? Antipode, 42(4), 924–953. doi:10.1111/j.1467-8330.2010.00782.x
Puleo, A. (2011). Protagonitas de un nuevo mundo. In Ecofeminismo para otro mundo posible (Ediciones., pp. 267–315). Madrid, España.
Carrasco, C. (2001). La sostenibilidad de la vida humana: ¿Un asunto de mujeres? Mientras Tanto, (82), 43–70.


Una tarde en la terraza verde de la PUJ: Un escenario extra-académico en dónde el cuidado ha permeado y ha permanecido.

Nos encontramos en la entrada de la facultad a eso de la 1:20PM. Todos estábamos vestidos con la ropa de trabajo que se nos había pedido y esperábamos para subir a la terraza del edificio 95 Manuel Briceño Jáuregui, en donde se encuentran las plantaciones en uno de los costados de la terraza. Al subir nos estaban esperando Miguel y Valeria, estudiantes de antropología de la PUJ, quienes han estado involucrados en el proyecto desde que éste inició.

Desde que entré a la terraza fue muy agradable y placentero ver con lo que me encontré ya que en el tiempo que lleva el proyecto en la universidad no habí
a tenido la oportunidad de subir y ver qué era lo que se estaba llevando a cabo allí. La verdad no creí que el proyecto estuviera tan avanzado y que tuvieran tantas cosas por enseñarnos.

Una vez llegamos todos, pusimos las maletas a un lado y fuimos a uno de los costados de la terraza en donde Valeria y Miguel nos contaron cómo había empezado el proyecto y qué se había hecho hasta ahora; cómo lo estaban organizando y todo lo que habían logrado hasta ahora. Fue muy bonito ver cómo ellos, sin ningún tipo de retribución económica llevan a cabo su proyecto y luchan por él para que éste no muera y no caiga en las trampas burocráticas de la universidad. Esto último me parece muy importante ya que los estudiantes, de diferentes carreras, que han estado involucrados en el proyecto han luchado por que éste siga siendo un espacio de estudiantes para estudiantes, dejando un poco de lado la institución y teniendo voz y voto en las decisiones que se deben tomar alrededor del proyecto.
Sentados en uno de los paneles de la terraza, Valeria y Miguel nos cuentan qué tipo de matas tienen cómo han ido escogiendo qué sembrar y en dónde sembrarlo y todo lo que han ido haciendo con las uñas para poder mantener vivo el proyecto. Valeria nos cuenta de su interés por las plantas medicinales y cómo la terraza se ha vuelto un espacio para que ella pueda investigar y llevar a cabo los proyectos de su interés, pero no solo los de ella sino también los intereses de otros estudiantes quienes además de tener un interés personal también están realizando sus investigaciones de grado. 
Todo esto que nos contó Valeria me hace pensar acerca de la permacultura de la cual nos habla Puig de la Bellacasa, ya que como ella lo dice el entrenamiento que ella recibió incluyó la permacultura y las tecnologías ecológicas como una práctica concreta de activismo político con una base sobre el cuidado de la tierra (2010). Sin mucha más explicación creo que en pocas palabras esto es parte de lo que se está llevando a cabo en esta terraza y con este proyecto. Es una forma de hacer un activismo político y un activismo menos común pero desde mi perspectiva mucho más fuerte y con muchos más alcances.  

Cuando Valeria y Miguel terminaron de contarnos en qué iba el proyecto, nos dirigimos una vez más al otro lado de la terraza en donde nos dispusimos a decorar los recipientes que cada uno había llevado para realizar la siembra. Este fue un momento muy chévere ya que por nuestra carrera es muy difícil encontrar los espacios en dónde hacer manualidades y volvernos creativos, y este fue un espacio que no lo permitió. Cada uno cogió pinceles y pinturas y durante un rato largo cada uno se adentró en su recipiente y pinto en él lo que quiso y sintió en ese momento. Mientras unos ya pintaban sus recipientes otros llevaban tierra y cascarilla de arroz a una matera grande de donde se iba a coger para hacer la siembra en nuestras materas. Una vez íbamos terminando nuestras materas nos dirigíamos a la matera con la tierra para llenarla; una vez llena Valeria nos ofrecía varas semillas para plantar, dentro de la selección estaba el cilantro, la quinua, la semilla de chía, el calabacín y el ají. Cada quien escogió la semilla que quiso y la sembró en su matera.
 
Parabombas de semillas. Estas son unas bolas que se hacen con una mezcla de arcilla tierra, agua y semillas. Se hacen con el fin de botarlas a terrenos fértiles para empezar a sembrar y tener espacios verdes en la ciudad. Cada quien cogió sus bombas de semillas para llevarlas a la casa y esperar a que estas se sequen y poderlas echar en algún lugar.
mi matera yo escogí el cilantro, plantando tan solo dos semillas de este espero que en dos semanas ya se empiecen a ver los frutos de este día y de la siembra. Una vez todos terminamos de sembrar las semillas en nuestras materas hicimos algo que ellos denominan las

Una vez terminamos ésta actividad, nos reunimos para charlar acerca de la experiencia y traer a colación aspectos que nos llamaran la atención en cuanto a las temáticas del curso. Muchos hablamos otros escuchamos y esto lo hicimos  con una aromática hecha con las matas que había en la terraza que por cierto estaba muy rica J

Esto para mí fue un momento muy especial ya que por un gusto, que además es heredado por mi mamá, las matas me gustan mucho y disfruto viéndolas y sembrándolas. Además de esto en la fundación en dónde soy voluntaria desde hace varios años se han llevado a cabo proyectos de agricultura urbana con las familias y ser parte de estos procesos productivos es algo muy bonito. Tomando en cuenta el aspecto del cuidado creo que este es uno de los cuidados más especiales que hay, ya que este se hace por el gusto del cuidado y sin tenerlo muy en cuenta genera una ayuda que muchas veces pasa desapercibida como cuidar la naturaleza o reproducirla en pequeños espacios en una ciudad tan gris y llena de cemento como Bogotá.
 muy interesante ver cómo el cuidado se puede ver desde lo no-humano y se puede pensar de muchas otras formas. Esta me parece muy especial además porque en la época en la que vivimos es muy importante tener ese chip de lo verde incrustado y salirnos de ese mundo consumista y tecnológico en el que vivimos para llevar a cabo otro tipo de actividades.

Para finalizar quiero hacerlo con una cita de Puig de la Bellacasa que me parece resume esta experiencia tan enriquecedora y tan fuera de lo cotidiano y de lo que estamos acostumbrados: “Permaculture ethics engage with the consequences of living in naturecultures, recognising the interdependency of all forms of life – humans and their technologies, animals, plants, microorganisms, elemental resources such as air and water, as well as the soil we feed on. It decentres human ethical subjectivity by not considering humans as masters nor even as protectors of, but as part of earth’s living beings”. (2010:152)
El lunes 9 de septiembre, en horas de la tarde,  estuvimos (los compañeros de clase y la profesora Tania) en la Terraza de la facultad, visitando una iniciativa de agroecologia urbana liderada por algunos compañeros de antropología y otras carreras. Los encargados de recibirnos fueron Valeria y Miguel (luego se uniría Victoria) que a mi parecer son (junto con Daniel escobar y Katherin Floréz) los que más le meten el hombro a  trabajar en la terraza. Ellos nos recibieron con mucho agrado y disposición, nos invitaron a "ensuciarnos las manos" y a crear vida , mediante la siembra de algunas semillas; algunos deicidieron dejar la siembra allí en la terraza, y otros como yo decidimos llevarnos nuestras futuras maticas.

Pero la intención de esta visita fue a propósito del curso, es decir la posibilidad de que viéramos espacios de cuidado poco comunes para nosotros ( bueno al menos para una gran parte del curso que expreso no tener idea de siembra con materiales reciclables y manejos ecológicos) y que quizás algunas de sus labores las consideramos como de cuidado pero no todo el proceso, sólo aquello que se percibe a primera vista. Es necesario conocer a las personas que se  relacionan con "la tierra" en este espacio, para entender el por qué de nuestra visita.

Si somos detallistas, minuciosos y curiosos, tan sólo al llegar allí nos debieron haber surgido preguntas acerca del cómo.La verdad uno comienza a crear una ruta, espacio, momentos y personas necesarias para que estén allí todos los materiales que vimos; el montón de bultos de tierra, las materotas (las grandotas y las rectangulares, las botellas, las chazas de madera, la guadua, la llanta, la mesa, el locker grande, las mangueras , las pinturas (como mencionaba una de las Danielas) en fin. Y por otra parte la cantidad de trabajo necesario para que las maticas estuvieran verdes, bonitas, con frutos y flores, y uno se hace a la idea del esfuerzo hecho para lograr mantener viva la terraza como una gran huerta.

Pues  mediante las palabras que nos compartieron Valeria, Migue y Vicky pudimos tener un acercamiento a la forma en cómo ese cómo se da,o mejor dicho en cómo se mantiene la terraza y como se consiguen todos los materiales y herramientas necesarios para poder sostenerla siempre viva. Estas situaciones que nos comentaban, para mí fue como si nos estuvieran hablando de por qué y cómo la terraza es un lugar construido mediante labores de cuidado, y cómo se constituye así en un espacio de cuidado. Hay varias cosas claves en relación con el cuidado que ellos mencionaban mientras nos acompañaban en nuestra siembra y nos enseñaban algunos cuidados prácticos y libres de químicos para mantener vivas y hermosas nuestras futuras plantas.

*Nos comentaba Migue, que el proceso de inicio de la terraza fue un tira y jala entre la institucionalidad y varias de sus estancias y  ellos (los estudiantes que hacen parte de la iniciativa), estaban en pugna intereses de parte de cada actor ; el decano, los estudiantes y  profesores de otras facultades. Lo que se concebía desde la institución era la idea de una terraza productiva en términos económicos, y que favoreciera a la institución misma.Y por parte de los estudiantes, la terraza pero- como decía Migue- productiva en otro nivel en otro sentido; como un espacio diferente para compartir experiencias y para hacer una agroecologia urbana auto sostenible o que fuera de fácil acceso a cualquier persona. En esta situación los estudiantes tuvieron que proveerse de argumentos y formatos "académicos" para defender su idea o postura frente a la creación y funcionalidad de la terraza. Es claro que como los "Nowtopians" (Carlsson, 2010) este grupo de estudiantes buscan abrir paso a alternativas que se encuentren por fuera de la operabilidad o concepción del sistema capitalista. Como nos contaban ellos no cedieron las razones y necesidades sociales de la terraza frente a jugosa financiación para la adecuación de la misma (para que fuera productiva o proveedora de las cafeterías) y además han construido este lugar prácticamente con "las uñas" como lo mencionaba Valeria.

Entonces en la terraza no hay flujos de dinero; ni los están financiando ni ellos generan excedentes como para financiarse; esto me recuerda ala pregunta de muchos cuando dicen " si tú no tienes empleo estable, tus padres no te apoyan y no tienes ingresos fijos extras ¿cómo le haces? y uno se rie y dice: " no lo sé pero aquí estoy". Todo se consigue por el esfuerzo y el trabajo de muchos y muchas que le meten ganas al asunto, insisten con correos, cartas y citas frente a los funcionarios con los que hay que hablar para gestionar una silla, una mesa o las herramientas que se necesitan. A parte de eso trasladan los elementos desde donde estén hasta la terraza, por lo menos hay ascensores (de la bodega que estaba en los estacionamientos o de la bodega de la carrera 47 con calle 7); imaginemonos por un momento lo que es trasladar esas pesadas materas entre tres o dos personas desde otro edificio y subirlas hasta la terraza.

* Otro de los aspectos que mencionaban Valeria y Migue, eran las formas en cómo eran adquiridas las semillas para la siembra. Ellos nos hablaron sobre unas redes entre agricultores y campesinos, que se extienden a todas las personas y colectivos que trabajan con semillas nativas y no manipuladas y que entre ellos hacen encuentros donde se rotan o intercambian éstas semillas; de esa forma es como ellos han logrado conseguir muchas de las semillas que tienen. Aquí hay que mencionar el grado de confianza que tiene que haber entre los participantes de estos encuentros; es decir confiar en que la semilla que te entregan no ha sido manipulada genéticamente, es sana, originaria y que está en buen estado, requiere de la existencia de unos fuertes vínculos y lazos que permitan tener la certeza sobre la procedencia de las semillas. Así las redes de confianza en estos grupos o colectivos que protegen, conservan e intercambian semillas, y a los cuales se vinculan los miembros de la terraza, tienen una fuerza, constancia y comunicación permanente a varios niveles (regional, departamental, nacional e internacional).

*Lo anterior también nos lleva a pensar en la interdependencia que se genera en espacios como la terraza, ya que depende de otros para poder reproducir especies que son difíciles de encontrar en su estado natural o no manipuladas. Pero también hay interdependencia a otros niveles; si los estudiantes no cumplen sus labores (todos) seguramente las plantas morirían de sed, o se quemarían con las heladas o serían estropeadas por el viento, en esa medida la terraza depende del cuidado que cada estudiante le brinda. Tampoco se podría seguir si la universidad decide prohibir el uso del espacio.

*Si vamos a fijarnos en la posición que tienen nuestros compañeros en la universidad, es como la de cualquiera de nosotros; estudiantes. Ninguno tiene una condición jerárquica elevada, ni una posición económica exorbitante, en contraste con lo anterior buscan hacer cosas que otras personas marginalizadas o invisibilizadas socialmente puedan hacer. Para ello utilizan material reciclable y técnicas de manejo de plantas, accesibles a todas las personas sin importar su estrato socioeconómico.

* El trabajo que realizan  compañeros como Migue o Vale, no es remunerado económicamente, y si pensamos que la terraza requiere de un cuidado diario, detenido y detallado, su trabajo vale mucho; pero como no es productivo en términos económicos o no se inserta en la forma en como opera el sistema capitalista simplemente ese esfuerzo continuo y constante no es remunerado monetariamente.

* Encontramos también en sus formas de pensar una relación de responsabilidad con la tierra, con el medio ambiente y las futuras generaciones.

En esta medida la terraza es un espacio de cuidado donde a través de la relación con la tierra se da un reconocimiento del sí mismo y también del otro, se piensa en las necesidades de los demás, pero también en las de aquello no-humano, la naturaleza. También es un punto de encuentro de otras redes de cuidado y de confianza, así como un espacio diferente para crear y pensar de forma alterna a la escritura y los medios convencionales usados en la academia.
 Me siento muy orgullos ay agradecida del esfuerzo que hacen personas como Vale y Migue para demostrarnos otras posibilidades dentro del ámbito académico y también como otras experiencias y formas de vida.






Diario de Campo

"Una labor cuidadosa de lo que es cuidar lo no humano y a la vez lo  humano" 

Hoy 9 de septiembre de 2013 a las 1:00 de la tarde nos dimos cita con mis compañeros y profesara de clase para aprender a cerca de un proyecto que se está llevando a cabo en la facultad de ciencias sociales, hace aproximadamente año y medio, el cual está a cargo de unos estudiantes de antropología que trabajan sobre el cultivo de plantas en la terraza del edificio Manuel Briceño de esta facultad, la siembra en espacios urbanos, en la ciudad.
Cuando llegamos a dicha terraza nos recibieron Manuel y Valeria, quienes nos dieron una explicación de cómo había iniciado este proyecto y nos mostraron en el espacio de la terraza, cómo se estaba llevando a cabo su idea, cómo las plantas que habían plantado estaban instaladas en el lugar, cómo las cuidaban y lo más importante, a través de métodos alternativos de siembra y riego que se adaptan a este tipo de espacios y a lo que ellos querían lograr como el hecho de usar embaces reciclables como botellas de gaseosa, o palos de bambú; nos contaron también cómo poco a poco han llegado a obtener recursos a partir de donaciones y regalos, ya que este proyecto nació como una iniciativa por tener un espacio no académico en donde los estudiantes interesados aprendieran a sembrar y a desarrollar ideas y prácticas en relación a lo que es sembrar sin tener ningún sesgo académico, sino más como un espacio de dispersión y aprendizaje que también tiene como propósito la estética del lugar y de cómo el espacio brinda visualmente algo agradable a la vista.  Más que eso, pienso que a través de la decoración del lugar y en este caso desde  mi propia experiencia de pintar y decorar un embace de gaseosa que será posteriormente una matera o el lugar donde estarán unas semillas, deja salir a flote un sin número de emociones que dejan conexiones entre la práctica y el ser que pinta, que no solo se queda en lo visual y “bonito”.
Es así como a través de esta experiencia de escuchar anécdotas de los gestores de este proyecto como que fue difícil que la universidad cediera el espacio de la terraza sin que los fines de su uso estuvieran ligados a lo académico, o cómo que con “las uñas” estos estudiantes han sacado el proyecto adelante porque no hay mucha financiación por parte de la universidad y más aún, cómo cuando se presenta un proyecto que nace desde una pasión y un gusto por una práctica éste es totalmente volteado y adaptado por parte de la institución para que funcione bajo un marco académico y de producción que no era el deseado. Es entonces como  me surgieron algunas reflexiones que van de la mano sobre las labores del cuidado y todo lo que implican.
Estas labores según mi parecer son observables en los hechos concretos de la cotidianidad, Valeria y Manuel junto a sus otros compañeros lograron a través de la siembra y riego de semillas una labor que es “cuidadosa” que implica dedicación, entrega, tiempo, emociones involucradas, esfuerzo físico e incluso mental al momento de investigar métodos y formas de cómo hacer bien su labor. Claro está, hay que destacar que es una labor del cuidado en tanto que es una relación de preservación entre lo humano y lo no humano que nos deja ver relaciones de dependencia entre unos y otros que de manera necesaria nos hace crear redes para cuidar del otro, preservarlo para la sostenibilidad de la vida humana pero también de la no humana. Esta relación es bastante importante, ya que el cuidar una semilla que luego se convertirá en planta tiene implicaciones no solo en lo cuidadoso y en el cuidar de un proceso de crecimiento de la planta, sino que detrás de ello hay un motivo más, y es el de la alimentación, la sostenibilidad y cuidado del hambre del humano. Con esto me refiero a esas redes que se tejen bajo la idea de cultivar de forma alternativa en la cuidad y a través de un permanente aprendizaje de cómo se hace mejor para que los resultados de ello sean obtener un alimento que le servirá a alguien más para alimentarse o alimentar a su familia, como fue el caso de las lechugas, tomates, uchuvas, entre otros más, que han obtenido estos estudiantes. Lo anterior es algo que se inscribe bajo unas lógicas que no van de acuerdo al capital ni a sus ideas de producción a gran escala, sino que desde allí es importante recocer estas prácticas de “agricultura urbana” si así se le quiere llamar y según Carlsson (2010)  como unas  nuevas formas políticas que están surgiendo para remodelar la interminable lucha entre el capital y la humanidad, que sin lugar a dudas ofrecen soluciones a crisis sociales y ecológicas de nuestro tiempo que son con frecuencia no remuneradas (como lo es este caso) que se hacen porque  es algo que se desea, que lo incentiva una pasión por algo, pero más aún, porque se necesita y quiere sin tener una esperanza de recibir una retribución monetaria.
Es por eso que me parece destacable que estos estudiantes saquen de su tiempo libre en medio de la vida universitaria y de la vida de la ciudad, un tiempo para regar las plantas, para hacer reuniones y tomar decisiones en cuanto al proyecto, logran desarticular de cierto modo esas lógicas de mercado y capital que siempre están rodeando este tipo de actividades de cultivo y producción de alimentos que permiten desde un punto estratégico ver cómo se logran crear y tejer formas alternativas de vivir, de satisfacer necesidades y deseos bajo un trabajo en comunidad, un trabajo duro, de cuidado y cuidadoso y de no trabajar para recibir dinero.
En esta medida, quisiera traer a colación el término que usa Carlsson de “Nowtopians” que es un término que intenta describir la multitud de esfuerzos para recuperar y reinventar el trabajo en contra de la lógica del capital. Nowtopia identifica una nueva base para una experiencia compartida de clase.  (Carlsson, 2010; 925). En donde ya no se puede asumir el trabajo remunerado o asalariado para definir una práctica o labor y tampoco puede ser la base de una política principal.  Creo que aquí es donde esta lo importante, porque justo a partir de estas nuevas lógicas es donde se crean espacios de creatividad de cooperación que pueden parecer no “organizadas” bajo una mirada productiva, pero sí, en la medida en que son bajo estas dinámicas en las que se organizan para tener un desempeño y un buen funcionamiento como lo han tenido hasta ahora y que de este mismo modo abordan problemáticas del capitalismo y de la sociedad actual.
Cabe destacar también las reflexiones que hace Carlsson en el sentido en que los Nowtopians no son una solución definitiva como tampoco lo son estos chicos de la facultad,  pero si son un movimiento capaz de transformar a partir de prácticas cotidianas, de un  grupo de seres humanos que confían entre ellos y  en sus ideales, que hay espacios dentro de la institución universitaria que no pertenezcan solo a la producción de conocimiento y que de igual manera pueden actuar en conjunto y en diálogo con temas como la ecología y formas alternativas de sostenibilidad alimentaria, que dejan ver sin lugar a dudas, lazos de solidaridad, de respeto y ayuda que van en dirección a defender un ideal que se ha vuelto para estos chicos una manera de entender problemáticas actuales e incluso de relaciones entre ellos, cuando tocan temas que los llevan a peleas o discusiones internas.
Por otra parte, y ya en relación a lo que son más las labores del cuidado, quisiera ver esta experiencia que tuve en la terraza de la facultad desde una “ética del cuidado” en la medida en que como dice Arango y Molinier (2011) estas labores son un proyecto científico y político. Científico en cuanto a que hay inscritas unas formas de ser con respecto a cómo cuidar la planta, cómo se riega, que abono se le aplica entre otros, y que más aún esta trasversalmente ligada con unas disciplinas como la ecología y la biología que son los saberes expertos que a lo largo de la cotidianidad estos jóvenes han aprendido. Y político, porque es una forma de imponer un pensamiento que va en contra de todo lo que es el marco capitalista que a su vez involucra lo que es un deber ser de una institución y su actuar ante proyectos de jóvenes que tienen iniciativas que se salen de estos parámetros por los cuales se rigen. En esta ética del cuidado me parece importante ver como “es una experiencia moral basada en un trabajo específico: ocuparse de los demás” (Arango & Molinier, 2011; 16), que para mí en esta experiencia fue muy claro verlo, porque estos estudiantes a través de un proyecto que los mueve y en una construcción constante de ello que se ve  cuando cuidan de las plantas y de todo lo que hay detrás de esto, son capaces de pensar en el otro ¿cómo? Enseñando y cuidando a través del conocimiento que se tiene para difundir una forma de relacionarse con el mundo y la naturaleza que va mas allá y que dialoga con formas de vida que se salen de parámetros capitalistas, para que estudiantes de otros semestres y carreras tomen lo que les sirva de su experiencia para aplicarla a la vida cotidiana y propia de cada uno de nosotros, replicando modelos de sostenibilidad de la vida en cuanto a lo que significa la alimentación y el hecho que venga directamente desde lo que “yo” cultivo en el patio de mi casa o en un lugar en mi apartamento. Pero también se cuida a través de un ejemplo que nos dan, a través de reflexiones que nos permiten entender su fin y labor, a través de interactuar con ellos y participar de su generosidad y de hacer “bombas de semillas” o de sembrar nuestras propias semillas en un embace reciclable y además a través de poder  imprimirle este sentido estético del cual hablaba antes, poder pensar desde los colores, las formas y textura de una pintura la relación que tenemos con la naturaleza, con los alimentos que nos provee y más importante aún la manera como los obtenemos y las dinámicas detrás de ello.
Para cerrar un poco el tema diría que esta experiencia me permitió  aterrizar las labores del cuidado con más firmeza y también con respecto a  los ejemplos que había hecho sobre la relación naturaleza- alimentación y hombre, porque permite pensarme en relación a lo no humano como un tejido que se hace cada vez más evidente ante dinámicas capitalistas que lo único que hacen es revertir sus lógicas gracias a su saturación en la vida cotidiana y en la sociedad, y deja salir a flote que solo se necesita una iniciativa, algo que apasione para que se logre cuidar a los otros. Esta labor cuidadosa y de cuidado que hacen estos estudiantes es inevitablemente una forma de actuar, de pensar y de sentir, frente a dinámicas globales, pero lo que me parece más loable es la perseverancia que han tenido para sacar adelante su proyecto y cómo a través de redes de solidaridad ajenas a las del capital lo han logrado. Pienso que el hecho que no sea una labor remunerada y un tanto invisible y que involucre afectos y pasiones, hace que siga siendo una labor del cuidado que piensa en/con el otro, que se piensa desde dinámicas internas, es decir ver como pensar en un fenómeno me hace pensarme a mí mismo y de manera diferente y a la vez, como logra trasgredir espacios y tal vez desarticular o desestabilizar un poco el orden social al que ya estamos acostumbrados. Desde mi perspectiva es evidente que esto relación con lo natural, con lo no humano es una forma de ser en donde asumimos que somos vulnerables y que necesitamos de redes de interdependencia, devela una preocupación constante en lo cotidiano y en un pensar en restaurar y así transformar lo que se viene (el futuro), y por último,  esto acarrea una ocupación, alguien que cuide y que sea cuidado.


Bibliografía

Carlsson, C., & Manning, F. (2010). Nowtopia: Strategic Exodus? Antipode, 42(4), 924–953. doi:10.1111/j.1467-8330.2010.00782.x


Arango Gaviria, L. G., & Molinier, P. (2011). El cuidado como ética y como trabajo. In L. G. Arango & P. Molinier (Eds.), El trabajo y la ética del cuidado (La Carreta., pp. 15–21). Medellín.

Angela Aponte

Sobre las raíces de  la  terraza…

“ Una educación ambiental integral ha de incluir una  educación  emocional ecológica; para educar ecológicamente no basta la razón instrumental constituida a partir de la exclusión de la afectividad”
Alicia H. Puleo.

Cuan necesario se va volviendo el detenerse un rato a mirar la belleza y el caos  de la ciudad veloz, ecléctica,  asfaltada, hacinada,  edificada, construida, productiva, vivida y  sentida por quienes la habitamos.  Pero aún más importante se ha vuelto el conectarse con un pedazo de tierra en la ciudad, re-conocernos como parte de esa tierra que palpita,  sentir el suelo que pisamos,  aprender a hacernos auto-sostenibles desde la soberanía alimentaria en un país como  Colombia que regala tierras a multinacionales,  las explota y  las contamina. De ahí la importancia de crear consciencia del lugar  donde vivimos y como  lo vivimos, recordar que debemos cuidar lo que tenemos.  Eso fue lo que vine a pensar cuando subimos, mis compañeros del seminario de cuidado y yo, a la facultad  de Ciencias Sociales a visitar el proyecto “La Terraza” que seis compañeros de antropología y seis de ecología llevan desarrollando hace año y medio.

Subir a la terraza implica dejar todo ese caos de la ciudad atrás; o bueno dejarlo abajo del edificio, al menos.  La terraza es un lugar ubicado cerca a los cerros orientales de la capital por lo cual la vista es maravillosa. Pura vegetación, el pulmón de la ciudad.  Justo ese día iba  retrasada para encontrarme con mis compañeros de clase. De hecho llegué unos minutos tarde, cuando la mayoría ya habían subido. Llegué con todo ese estrés que uno se carga entre los trancones, el tráfico, los semáforos en rojo y  el reloj que corre precipitado. Subí  y vi a Miguel y Valeria, dos de los integrantes de “La Terraza” que nos prestaban su tiempo y espacio con amabilidad para hablarnos del proyecto. Llegué y vi a mis compañeros sentados. Llegué y escuche el silencio que pocas veces nos regala la ciudad.

Valeria nos contaba acerca del proyecto “La Terraza” como un espacio alternativo, según entendí, fortalecido por  una iniciativa colectiva de estudiantes   que buscan un espacio de aprendizaje extra-académico multidisciplinar de socialización, de reproducción social y de conocimientos.  Desde un inicio este proyecto ha buscado generar un espacio asociado a la agricultura urbana  como una alternativa que si bien no rompe con las lógicas de mercado y de consumo  del capitalismo, pretende generar estrategias para un desarrollo  autosostenible desde la unidad más pequeña: la casa.  Cabe señalar que La terraza ha sido una excusa para que se vinculen los intereses de otros compañeros, por ejemplo el interés por el estudio de las plantas medicinales o la vinculación de proyectos de  tesis que estén desarrollando estudiantes de ecología.

 Con la ayuda de un ingeniero agrónomo e incluso con la participación de celadores de la facultad, aseadoras y  jardineros que  han mostrado gran interés y cercanía  para con el proyecto  “La terraza”, se ha permitido ir construyendo un tejido humano, una red de cuidado en la que todos los participantes intervienen desde su lugar de enunciación y desde los conocimientos  o material que posean. A la luz de la perspectiva del cuidado, cabe destacar que este grupo de gente ha desarrollado una especia de <<economía del cuidado>>  privilegiando el bienestar, el beneficio colectivo, los vínculos afectivos  por encima de la economía del mercado y el trabajo remunerado (Luz Gabriela Arango, 2011.

Debo agregar que algo que particularmente me llamo la atención fue la idea  que este proyecto tuviese también  un fin estético  en tanto que se ha convertido en una cuestión de encontrarle belleza y sentido a aquello que uno hace. Lo traigo a colación  porque esta idea  también se me ha convertido en una búsqueda personal y una apuesta política que no está para nada alejada de la ética del cuidado.  Vivimos en un mundo en el que el mercado laboral es cada vez más competitivo y requerimos de infinitas especializaciones, tarjetas profesionales, cartones y diplomas. Y La idea de trabajar entre amigos o familia pone de centro el cuidado en la vida diaria, en lo cotidiano y así mismo, descentra la lógica mercantil y productiva económica. Implica una mayor atención a las relaciones afectivas que se producen en torno al trabajo que se realiza.  Se establece el cuidado como elemento ético que media toda relación intersubjetiva y contiene un carácter creativo (Precarias a la deriva, 2005), pues implica que cada uno de los integrantes desarrolle todas sus capacidades y potencialidades para crear y para cuidar aquello que crea. No niego que trabajar en familia o con amigos que se vuelven familia no sea un territorio de disputas, digo que puede ser un territorio de negociación de las subjetividades y por ello mismo  de inspiración, creación y recreación.

 Este ha sido pues  un espacio para el que quisiera asistir, un lugar  incluyente en el que si bien en un inicio se cuestionaba  el saber experto, pues este implica cierta exclusión y jerarquización respecto a quienes tienen el conocimiento y quien no lo poseen;  ahora lo  reconocen como una fuente importante de crecimiento  y aprendizaje en conjunto, pues en la marcha se dieron cuenta de lo imprescindible que es aprender de otros que saben cosas que “yo no sé”. 



Después de la charla, Valeria nos invitó a conocer “La Terraza” en la que hay cultivadas plantas aromáticas, papa, amapola, flores, uchuva, tomate de árbol por nombrar algunos.  Nos invitó a sembrar nuestra propia planta. A dejar nuestra raíz en la Terraza o a encontrarla.  El ejercicio de realizar uno mismo la matera, pintarla, decorarla en conjunto, prepararla tierra juntos, tocar la tierra con la que voy sembrar mi semilla, escoger la semilla, plantarla, socializar una tarde con amigos, construir en conjunto, reir, aprender cosas nuevas, agradecer, estar en calma en medio del caos de la ciudad  es reconfortante, es hacer afectivo lo efectivo como sugieren las Precarias a la deriva.

Este ejercicio me recuerda el concepto de ciudadanía ecológica planteado por  Alicia H. Puleo. Bajo esta ciudadanía se promueve una participación activa y responsable con el medio ambiente, un cuidado con lo no humano. Constituye un desafía al concepto de ciudadanía porque no solo se desarrolla en un ámbito público, sino también en el privado. (Alicia Puleo, 2011).  Esta ciudadanía fue justo la que ejercimos mientras hacíamos nuestras materas, mientras preparábamos la tierra; asumimos por un segundo, la responsabilidad de nuestra propia existencia cooperativamente.  Así pues, las prácticas de cuidado que tradicionalmente fueron solo femeninas, han de universalizarse: proteger este mundo es también protegernos. (Alicia Puleo,2011 )

Pese a que me autodefino como una citadina sin remedio, subir a  la terraza me permitió volver a mis raíces, ejercer una ciudadanía diferente. Muchos años de mi infancia los  viví en la finca de mi papá. Aprendí a ordeñar una vaca, a sembrar maíz, a recoger el maíz,  a sacar los huevos de las gallinas – “felices”-  del pequeño galpón que teníamos, a descubrir que la papa que como todos los días no viene del supermercado sino de la tierra,  a levantarme con  el gallo (despertador en el campo) mientras  emite su kikiriqui. Sin embargo la ciudad consumista logró consumir mi estilo de vida y me desconecto de mi infancia en el campo.  

Pocas veces dentro de la ciudad existen espacios como estos, diseñados para producir no desde la visión capitalista, sino para producir conocimiento con pares, con lo humano y con lo no humano. Espacios donde empiezo a entender poco a poco, con alegría, que no soy un ser dependiente ni independiente, soy un ser interdependiente y esta es la apuesta ética y política  del cuidado.  

Bibliografía

Arango Gaviria, L. G. (2011).  El trabajo de cuidado ¿servidumbre, profesión o ingenieria  emocional? In L. G. Arango Gaviria & P. Molinier (Eds.),  El trabajo y la ética del  Cuidado (La Carreta., pp. 91 - 109). Medellín

Precarias a la Deriva.  (2005). Una huelga de mucho cuidado (cuatro hipótesis).

Puleo, A. (2011). Protagonistas de un nuevo mundo. In Ecofeminismo para otro mundo posible(Ediciones., pp. 267–315). Madrid, España.