Camila Castillo
Angela Aponte
Y tú, ¿Qué tipo de princesa quieres
ser hoy?
Link vídeo: http://www.youtube.com/watch?v=2k9joVu145k
Punto de partida
Hemos
visto la cantidad exagerada de programas de televisión y mensajes publicitarios de la industria de la
moda y la cosmética que aparecen a
diario en prensa, radio, TV, internet, revistas de circulación periódica, entre
otros; los cuales se han convertido
en escenarios que abusan de las
subjetividades femeninas para llenar de
contenidos los cuerpos de las mujeres, sobre los cuales se reproducen
características tales como la delicadeza, la delgadez, la elegancia, la proporción, la esbeltez, la debilidad, lo
saludable y al mismo tiempo, la autonomía, lo novedoso, la independencia económica, la fortaleza,
entre otros valores.
En
este sentido, como bien lo plantea Arnaiz “la industria cosmética, de la moda y
la alimentaria ha mercantilizado todos los criterios definidos por el discurso
médico, criterios que han dejado de relacionarse exclusivamente con la salud y
han adquirido un orden simbólico/material” (Arnaiz, 2009); construyendo así, prototipos
de mujer que apelan al ideal de belleza, éxito social y feminidad que
comercializan las cadenas televisivas y publicitarias. Para nuestra
intervención nos queremos centrar en la cadena Disney, puesto que a partir de sus programas ha
fortalecido ideales de belleza, valores morales de mujeres descritos arriba y sobretodo ha promovido la
construcción de prototipos de “princesas Disney” que muchas hemos replicado
consciente o inconscientemente. Aquí señalamos
el cuerpo -de la mujer- como una categoría que “es tomada como medida de valoración personal
y de ahí su centralidad económica, social y simbólica” (Arnaiz, 2009), que entra en juego dentro de los regímenes de
belleza establecidos.
Propuesta
Para
la realización de éste taller nos basamos en las fotografías de Dina Goldstein “The fallen princesses” en donde se
muestra el “felices por siempre” de algunas de las
famosas princesas Disney. Lo que la autora se quería preguntar era si éstas
princesas efectivamente habían tenido el: felices
por siempre; mostrándolas en escenarios más reales y tangibles de hoy en
día. Es claro que la autora no solo quiere hacer una parodia sino también
mostrar cual es el, felices por siempre de
todas las mujeres y niñas que nos creímos en los cuento de hadas.
Nuestro
performance consistió en realizar una crítica a los regímenes de belleza “Disney” –si los podemos llamar así- que hoy
en día nos permean desde la publicidad y la televisión. Para ello, ubicamos el baño de mujeres del
edificio de la facultad de Ciencias políticas y Relaciones internacionales ya
que buscábamos un baño que tuviera gran flujo de personas y éste parecía ser el
indicado. Elegimos el baño porque consideramos es el lugar “más privado” -fuera
de casa- en el que los valores inscritos
en el cuerpo se exhiben abiertamente en
tanto que el cuerpo se ve expuesto a un espejo y las prácticas de
cuidado personal y belleza se ponen de relieve.
Elegimos cuatro de las fotografías de Dina Goldstein que consideramos iban a causar
gran impacto por sus contenidos críticos e irreverentes frente a la idea de ser
una princesa en el mundo moderno. Dichas imágenes fueron pegadas en el espejo
del baño con la pregunta: Y tú, ¿Qué
princesa quieres ser hoy? , con lo cual esperábamos algún tipo de reacción
por parte de las chicas que entraban. Para el vídeo final usamos una canción de
Jordan Sonnenblick llamada “After ever
after”, el cual empieza de una manera muy particular: “Si alguna vez te has
preguntado porque todas las historias de Disney terminan en mentiras, acá te
contamos lo que sucedió después de que sus sueños se volvieron realidad”.[1]
Esta canción al igual que las fotografías, recuenta de una manera jocosa lo que
ocurrió con las princesas después del “felices
por siempre” tan anhelado y deseado por niñas y mujeres; y esta nos pareció
acorde al tema que estábamos usando para nuestro performance.
Lo que buscábamos y lo que encontramos -
Reflexiones finales
Siempre
se ha tenido en la cabeza a un modelo de mujer establecido por la sociedad, un
modelo, claro está, que es dinámico pues cambia de acuerdo al contexto y a los
procesos históricos. Cuando somos niñas vemos
películas de Disney con la
ilusión de algún día poder replicar la
vida de ellas, algunas de nosotras
jugamos a ser unas princesas. Sin embargo esto no solo pasa con Disney, también
sucede con los mensajes que nos llegan de otros medios masivos de comunicación
que curiosamente replican homogéneamente las características de la feminidad
sin cuestionarlas si quiera. Todas las niñas soñamos con el príncipe azul que
nos salvará para así poder tener un final feliz que durará el resto de la vida.
Todas, de una manera inconsciente (esperamos que así sea), queremos replicar
esa vida, y no solo la de las princesas como lo decíamos con anterioridad, sino
la vida que los diferentes medios nos han ido inculcando que es la ideal.
Por
esta razón, lo que buscamos con las fotos de Goldstein es mostrar que esos
paradigmas que hemos tenido desde pequeñas existen apenas en las estructuras de
pensamiento y los cánones de belleza que alcanzamos como sociedad. En esta medida, buscábamos hacer una
reflexión a propósito del imaginario que existe sobre las princesas y los
modelos de mujer a los que estos nos han llevado, ya que de una u otra manera
las mujeres estamos, por decirlo de alguna forma, comprometidas con esos
ideales desde que estamos muy pequeñas, sin embargo la forma en que los interiorizamos no ocurre
de manera semejante para todas las
mujeres, ahí nuestra capacidad de agentes sociales.
Sin
embargó nos encontramos con un escenario en el que muchas chicas no prestaban atención
a las imágenes y a la pegunta que se encontraban de frente. Muchas lo miraban
de manera indiferente y seguían maquillándose, arreglándose, peinándose y demás.
Otras veían las fotografías detenidamente pero se retiraban rápidamente. Este
hecho nos parece central pues considerábamos que íbamos a causar mayores reacciones. Esto
resulto ser muy desconcertante para nosotras ya que las imágenes causan un
impacto, porque finalmente se está dañando la historia de cuentos de hadas y se está mostrando la otra cara, una cara más
real. No esperábamos que nos respondieran o que inmediatamente se dejaran de
arreglar; pero sí esperábamos alguna reacción. Podemos suponer que tal vez nuestra
pequeña instalación no tuvo el efecto
esperado por que estamos demasiado
permeadas por los ideales de belleza, porque no nos interesa abordar estos
temas o porque simplemente nuestra instalación no fue lo suficientemente
impactante.
Bibliografía:
Arnaiz, M. G. (2009). Cuerpo y comida:
razones culturales en la anorexia nerviosa. In M. A. Martorell, J. M. Comelles,
& M. Bernal (Eds.), Antropología y enfermería (Publicacio., pp. 80–99).
Tarragona
[1]
Traducción libre de las autoras
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