lunes, 26 de agosto de 2013


Camila Castillo
Angela Aponte

Y tú, ¿Qué tipo de princesa quieres ser hoy?


Punto de partida

Hemos visto la cantidad exagerada de programas de televisión y  mensajes publicitarios de la industria de la moda  y la cosmética que aparecen a diario en prensa, radio, TV, internet, revistas de circulación periódica, entre otros; los cuales se  han convertido en  escenarios que abusan de las subjetividades femeninas  para llenar de contenidos los cuerpos de las mujeres, sobre los cuales se reproducen características tales como la delicadeza, la delgadez, la elegancia,  la proporción, la esbeltez, la debilidad, lo saludable y al mismo tiempo, la autonomía, lo novedoso,  la independencia económica, la fortaleza, entre otros valores.

En este sentido, como bien lo plantea Arnaiz “la industria cosmética, de la moda y la alimentaria ha mercantilizado todos los criterios definidos por el discurso médico, criterios que han dejado de relacionarse exclusivamente con la salud y han adquirido un orden simbólico/material” (Arnaiz, 2009); construyendo así, prototipos de mujer que apelan al ideal de belleza, éxito social y feminidad que comercializan las cadenas televisivas y publicitarias. Para nuestra intervención nos queremos centrar en la cadena Disney,   puesto que a partir de sus programas ha fortalecido ideales de belleza, valores morales de mujeres  descritos arriba y sobretodo ha promovido la construcción de prototipos de “princesas Disney” que muchas hemos replicado consciente o inconscientemente. Aquí señalamos  el cuerpo -de la mujer- como una categoría que  “es tomada como medida de valoración personal y de ahí su centralidad económica, social y simbólica” (Arnaiz, 2009),  que entra en juego dentro de los regímenes de belleza establecidos. 

Propuesta  

Para la realización de éste taller nos basamos en las fotografías de Dina Goldstein “The fallen princesses” en donde se muestra el  “felices por siempre” de algunas de las famosas princesas Disney. Lo que la autora se quería preguntar era si éstas princesas efectivamente habían tenido el: felices por siempre; mostrándolas en escenarios más reales y tangibles de hoy en día. Es claro que la autora no solo quiere hacer una parodia sino también mostrar cual es el, felices por siempre de todas las mujeres y niñas que nos creímos en  los  cuento de hadas.

Nuestro performance consistió en realizar una crítica a los regímenes de belleza  “Disney” –si los podemos llamar así- que hoy en día nos permean desde la publicidad y la televisión.  Para ello, ubicamos el baño de mujeres del edificio de la facultad de Ciencias políticas y Relaciones internacionales ya que buscábamos un baño que tuviera gran flujo de personas y éste parecía ser el indicado. Elegimos el baño porque consideramos es el lugar “más privado” -fuera de casa-  en el que los valores inscritos en el cuerpo se exhiben abiertamente  en tanto  que el cuerpo  se ve expuesto a un espejo y las prácticas de cuidado personal y belleza   se ponen de relieve.

Elegimos  cuatro de las fotografías de  Dina Goldstein que consideramos iban a causar gran impacto por sus contenidos críticos e irreverentes frente a la idea de ser una princesa en el mundo moderno. Dichas imágenes fueron pegadas en el espejo del baño con la pregunta: Y tú, ¿Qué princesa quieres ser hoy? , con lo cual esperábamos algún tipo de reacción por parte de las chicas que entraban.   Para el vídeo final usamos una canción de Jordan Sonnenblick llamada “After ever after”, el cual empieza de una manera muy particular: “Si alguna vez te has preguntado porque todas las historias de Disney terminan en mentiras, acá te contamos lo que sucedió después de que sus sueños se volvieron realidad”.[1] Esta canción al igual que las fotografías, recuenta de una manera jocosa lo que ocurrió con las princesas después del “felices por siempre” tan anhelado y deseado por niñas y mujeres; y esta nos pareció acorde al tema que estábamos usando para nuestro performance.

Lo que buscábamos y lo que encontramos  -  Reflexiones finales

Siempre se ha tenido en la cabeza a un modelo de mujer establecido por la sociedad, un modelo, claro está, que es dinámico pues cambia de acuerdo al contexto y a los procesos históricos. Cuando somos niñas vemos  películas de Disney  con la ilusión de algún día poder replicar  la vida de ellas, algunas  de nosotras jugamos a ser unas princesas. Sin embargo esto no solo pasa con Disney, también sucede con los mensajes que nos llegan de otros medios masivos de comunicación que curiosamente replican homogéneamente las características de la feminidad sin cuestionarlas si quiera. Todas las niñas soñamos con el príncipe azul que nos salvará para así poder tener un final feliz que durará el resto de la vida. Todas, de una manera inconsciente (esperamos que así sea), queremos replicar esa vida, y no solo la de las princesas como lo decíamos con anterioridad, sino la vida que los diferentes medios nos han ido inculcando que es la ideal.
Por esta razón, lo que buscamos con las fotos de Goldstein es mostrar que esos paradigmas que hemos tenido desde pequeñas existen apenas en las estructuras de pensamiento y los cánones de belleza que alcanzamos como sociedad.  En esta medida, buscábamos hacer una reflexión a propósito del imaginario que existe sobre las princesas y los modelos de mujer a los que estos nos han llevado, ya que de una u otra manera las mujeres estamos, por decirlo de alguna forma, comprometidas con esos ideales desde que estamos muy pequeñas, sin embargo  la forma en que los interiorizamos no ocurre de manera  semejante para todas las mujeres, ahí nuestra capacidad de agentes sociales.

Sin embargó nos encontramos con un escenario en el que muchas chicas no prestaban atención a las imágenes y a la pegunta que se encontraban de frente. Muchas lo miraban de manera indiferente y seguían maquillándose, arreglándose, peinándose y demás. Otras veían las fotografías detenidamente pero se retiraban rápidamente. Este hecho nos parece central pues considerábamos que  íbamos a causar mayores reacciones. Esto resulto ser muy desconcertante para nosotras ya que las imágenes causan un impacto, porque finalmente se está dañando la historia de cuentos de hadas  y se está mostrando la otra cara, una cara más real. No esperábamos que nos respondieran o que inmediatamente se dejaran de arreglar; pero sí esperábamos alguna  reacción. Podemos suponer que tal vez nuestra pequeña instalación no tuvo  el efecto esperado por que  estamos demasiado permeadas por los ideales de belleza, porque no nos interesa abordar estos temas o porque simplemente nuestra instalación no fue lo suficientemente impactante.

Bibliografía:
Arnaiz, M. G. (2009). Cuerpo y comida: razones culturales en la anorexia nerviosa. In M. A. Martorell, J. M. Comelles, & M. Bernal (Eds.), Antropología y enfermería (Publicacio., pp. 80–99). Tarragona

[1] Traducción libre de las autoras

No hay comentarios:

Publicar un comentario